miércoles, noviembre 23, 2005

Para gustos, los colores...

Buenas:
¿Cuantos colores conoces? Si eres hombre, pues alrededor de diez, veinte... si conoces alrededor de 30, seguramente tambien te gustaran las peliculas de romanos y los discos de la Streisand.
Pues tio, hay tantos colores como mujeres en el globo; para ti solo existe el morado, error; estan el morado, el lila, el malva... podria seguir, pero seria agotador.
Tio, el burdeos es un color, no es un vino, y el camel tambien... y el camel light, es un color tambien?
Pero el remate del tomate (rojo o verde) es que hay color llamado BLANCO ROTO, si, si, como oyes, BLANCO ROTO... pero que se le puede romper a un color? un brazo? entonces seria BLANCO ESCAYOLA.
¿Y por que no rizamos mas el rizo (si ello fuera posible)? Por que no un blanco arañado, blanco refregones, blanco resquebrajado, blanco desconchado, blanco totalmente hecho polvo pero no te preocupes que esta aun en garantia, blanco levemente herido sin llegar a la gravedad, blanco con traumatismo craneoencefalico...
En fin, cuando no sepa que escribir, no se en que blanco me quedare.
PD: No hay un puñetero acento porque mi teclado hace cosas raras. Ea.

martes, noviembre 15, 2005

Por fin algo de cordura

Estimados blogoyentes:
Asombrado, me congratula ver como la Iglesia, por una vez y sin que nadie salga ardiendo en una pira, salta a la calle a apoyar una manifestación con tan altas miras como la del sábado. Por fín, la Iglesia católica española se moja, y pide por el fín de la guerra de...ah, perdón, por fín la Iglesia española se moja y exige a los gobiernos la entrega del 0,7% de sus ingresos para los paises del tercer....ups, tampoco, por fín la Iglesia española apuesta firmemente porque el Vaticano ceda parte de su patrimonio para acabar con...vaya, por fín la Iglesia española cree que el preservativo puede acabar con la epidemia de SIDA en África...uff, tampoco..., ya era hora de que la Iglesia española hiciera algo en favor de los más necesitados: ellos mismos....ahooooooooooora.
Pos eso.

lunes, noviembre 14, 2005

Otro Cuentito: Carta a Mariloli

Estimados amigos:
Hoy os cuelgo otro cuento, a ver que os parece este.

Carta a Mariloli


Querida Mariloli:

Espero que cuando te lleguen estas letras te encuentres mejor y te estés recuperando de ese inesperado accidente que nos separó (afortunadamente). Yo bien, gracias, también me voy recuperando poco a poco. Gracias a Dios, las enfermeras son unas (torturadoras) estupendas profesionales y los médicos siempre andan ( locos por bajarles las bragas a las enfermeras) preocupados por mi estado e intentando (matarme) satisfacer mis deseos.
Aquí, tirado en la cama, tengo mucho tiempo para pensar, y recordar el (infausto y negro) hermoso día en que (me atrapaste en tus redes) nos encontramos. Era una preciosa tarde de verano; yo estaba sentado en la terraza de aquel bar, tomándome un (whisky doble) capuchino, y tú te sentaste en la mesa de al lado. No pude evitar que mi mirada se clavara en tus (muslos) ojos. Recuerdo que pasé un buen rato acariciando (tus pechos) tu pelo con mis ojos. Decidido a todo, me levanté de mi silla y me acerqué a ti para invitarte a tomar algo. Tú (te negaste en redondo) aceptaste, dedicándome (un corte de mangas) la más dulce de las sonrisas. Mientras permanecimos allí sentados, no paraste de (insultarme) hablar de tu vida, de (pegarme patadas en la espinilla) preguntarme sobre mis cosas… Yo te observaba ensimismado, intentando adivinar que se ocultaba tras aquella (blusa) mirada cautivadora. Intentaste llamar la atención del (policía de la esquina) camarero, pero un (depravado) caballero como yo no podía permitir que pagaras.
Nos levantamos de la mesa y me pediste que te (dejara en paz de una puñetera vez) acompañara a casa. Eso me (excitó) halagó, puesto que no soy muy agraciado físicamente, y en muy pocas ocasiones puedo (atosigar) acompañar a una hermosa mujer como tú. Me agarraste del brazo (te agarré del brazo), y así (te arrastré) paseamos hasta tu casa; estabas nerviosa, y lo notaba en (tus constantes tirones) tu mirada, en la rapidez de tus pasos, en lo acelerado de tu pulso. Y yo también lo estaba; lo notaste en el (bulto de mi pantalón) sudor que comenzaba a aparecer en mi frente. Ya ante tu portal, pensé que sólo querías que te acompañara hasta allí, y por eso (te empujé contra la pared del portal) me despedí de ti, pero me dijiste que (por favor, déjame, por favor) si no quería tomarme una copa. Gratamente sorprendido, accedí, y seguí tus pasos hasta la puerta de la casa, donde te volviste y (me arañaste la cara como una puñetera gata rabiosa) me dedicaste una preciosa sonrisa.
Pasamos (te empujé) al pasillo, encendiste la luz (encendí la luz) y (puse mi navaja en tu cuello) me dijiste que me sentara en el sofá, que querías ponerte cómoda. Allí sentado (te arranqué la ropa y la hice jirones) esperé a que volvieras (te tiré sobre el sofá), con una ropa más cómoda y con dos vasos de whysky en las manos (atando tus manos a la espalda).
La velada fue fantástica; hablamos (te violé) durante horas (durante horas), cruzándonos (hostias, insultos, arañazos) miles de sonrisas, hasta que (soltaste tus manos de la espalda) me dijiste que si me apetecía bailar. Yo accedí encantado, y me levanté para (esquivar el candelabro del aparador) agarrarme a tu cintura, y así (empujarte contra la mesa del salón) bailar, mejilla con mejilla. Pero claro, no todo iba a ser perfecto; según parece, alguno de tus vecinos no es muy (inteligente y discreto) amante de la música, y avisó (a la policia, a la guardia civil y al ejército) al portero, quejándose de (los golpes, los alaridos y los gritos de socorro) nuestra pequeña sesión de baile. Así que, en cuestión de unos minutos, (la policía) el portero empezó a (aporrear) llamar a la puerta, interrumpiendonos. La verdad, su educación deja mucho que desear, porque nada más abrir la puerta (sacaron las porras) empezó a gritarnos, y no pude más que (ponerte la navaja en el cuello) decirle que se calmara, y añadí que (te rajaba) la pondríamos más baja, si era eso lo que deseaba (si no me dejaban salir).
Tú estabas (amoratada y desnuda) un poco violenta, porque no te esperabas esa reacción del portero, así que decidí que lo mejor era (salir de allí pitando) dejarlo todo tal y como estaba, e irme de allí. Pero él (ellos) no cejaba en su empeño, y uno que es muy hombre (intenté zafarme de todos) no pude resistir más sus (sus golpes y patadas) provocaciones, lo que nos llevó a una tremenda (paliza) pelea, que me ha dejado en este estado en el que me encuentro. Todo pasó tan rápido que a veces creo que es un sueño (pesadilla); no pude (rematar la faena contigo) despedirme de ti, pero espero que esta carta sirva para eso.
Bueno, eso es todo (vete preparando); espero que nos volvamos a ver (no dudes que te buscaré) en un lugar en el que no nos molesten (en un descampado solitario junto al vertedero), como un pequeño bar, para terminar nuestras conversación (y dejarte tirada en medio del campo) y nuestro baile.
Tuyo afectísimo, Manolo.
P.D. : Si quieres escribirme (escribirnos), te adjunto la dirección a la que puedes hacerlo
Manuel Pérez (Juan López) (Paco Gámez) (Antonio Gutierrez)
Hospital Psiquiátrico de Tordesillas
Pabellón de Personalidades Múltiples

lunes, octubre 31, 2005

Hostias, ha sio niña

Guenas:
Para mi sorpresa, Leti I de Españññña ha dado a luz una niña, cuando yo me esperaba que los de la clínica Rubber (¿¿¿con dos b o con una???) forzaran a la madre Naturaleza a parir varón. Pero éte aquí que no, que si se mira los pies, tiene los patucos rosas, y se llamará Leonor. Ea.
Y digo yo, que esto a Zapa le habrá sentado como una patada en la entrepierna. Porque claro, loquito que anda por reformar la Constitución, a cuenta del Estatut, y ahora resulta que la va a tener que reformar, pero por la pequeña Leonor. Y eso de atrasar la reforma de la Ley Sálica, que ahora no corre prisa... sí, sí, pero ¿Zapa va a perder la oportunidad de ser ÉL quien permitiera a una mujer reinar, a pesar de que pudiera o pudiese tener hermano varón? Pos va a ser que no.
Así que, seguramente, cuando Maragall and socies le recriminen el retraso de lo suyo, él les contestará: "Eso, a los de la Rubber..."

miércoles, octubre 26, 2005

Reflexiones del reflejo de mi Imagen en un espejo

Buenos días:
Hoy me he levantado pelín filosófico, así que cuidado...
- Frente a mi casa hay una farola. Si nadie la mira, ni piensa en ella... ¿la farola sigue allí?

- Es más, si cuando me acuesto nadie piensa en mí, ni sueña conmigo, ni se acuerda de mí, ¿desaparezco de la cama, y vuelvo a aparecer cuando me despierto? ¿O me despierto cuando alguien se despierta antes que yo, y me mira, o me piensa, o me recuerda?

- Y si nadie me pensara, recordara, soñara... desaparecería y sólo quedaría de mí unos calzoncillos bajo las sábanas? Ojú, que miedo, ¿no?

- ¿Qué coño es lo que llevaba el cigarro que me fumado al levantarme, que hace que piense estas cosas?


Para terminar, una chorradita:

"Tras meses de silencio, de buscar las palabras y no encontrarlas, de verse atrapado ante la oscuridad blanquecina de la página en blanco, las musas lo visitaron y le musitaron al oido. Rápidamente, se sentó ante la máquina de escribir, sintiendo en sus dedos la electricidad que precede a la creación, y tecleó:
"Tras meses de silencio, de buscar las palabras y no encontrarlas, de verse atrapado ante la oscuridad blanquecina de la página en blanco, las musas lo visitaron y le musitaron al oido. Rápidamente, se sentó ante la máquina de escribir, sintiendo en sus dedos la electricidad que precede a la creación, y tecleó:
"Tras meses de silencio, de buscar las palabras y no encontrarlas, de verse atrapado ante la oscuridad blanquecina de la página en blanco, las musas lo visitaron y le musitaron al oido. Rápidamente, se sentó ante la máquina de escribir, sintiendo en sus dedos la electricidad que precede a la creación, y tecleó:..."

lunes, octubre 24, 2005

Y ahora?

Bueno, bueno, ese fué mi primer cuento. Ahora me gustaria saber la opinión del personal al respecto, pero crítica constructiva y destructiva, nada de ohhhhh que chuuuuuuuuulo, ni pijotadas por el estilo. Tampoco quiero comentarios del estilo de "muy cercano prosísticamente a Proust, pero diametralmente opuesto a la dinámica constructivista de los neoclásicos azerbayanos..". Me vale con qué es lo que te gusta más o menos, lo que odias, no tragas, o sencillamente si parece una redacción que le mandaron en el colegio a una cualquiera de las candidatas a Miss España. Vale? Pos eso...
De todas maneras amenazo con colgar otro cuento más, posiblemente mañana.
Aparte de eso,me gustaría dejar mi opinión al respecto de la Cruzada Antinicotina que me rodea. Vale que es malo para la salud, vale, lo sé, sin tener que leerme lo de las cajetillas (que gran idea... para los vendedores de forritos para las cajetillas). Vale que al Estado le sale por una pasta la de gente que se pone enferma por culpa del tabaco, vale, estamos de acuerdo. Pero luego resulta que el Estado es el que se lleva una gran tajada del precio de cada uno de mis chutes de nicotina, y además decide quien y donde pone un estanco. Estamos de acuerdo en que hay que ser cívicos, preguntar antes de encenderse el pitillo, no echarle el humo en la boca a nadie que no lo desee, y demás consideraciones. Eso es cuestión de educación, no de tabaquismo. Sin embargo, siguiendo el mismo razonamiento que el Gobierno para endurecer y estrechar el cerco de los fumadores, también se podría prohibir a la gente que circule en coche. Todo Cristo en autobús, metro o bicicleta. El coche también mata a mucha gente al año, y sus humos no es que sean demasiado agradables, aparte de que no preguntan nunca si a alguien le molesta que encienda el coche a tu lado... En fín, pajas mentales mías...

Más cosas... He dejado de leer el periódico. La culpa la tengo yo, por ser andalucista, que para sufrir sólo me faltaría ser del Atlético de Madrid, hacerme masoca y fan de La Cantante Antes Conocida Como Tamara. Cuando llego a la sección de Política... bueno, ahí pocas veces aparecemos... quizás en la de sucesos? corazón? sudoku? Total, que como nada más que aparecen las siglas del P.A. al lado de algún chanchullo, mangoneo, choriceo, concierto de Karina o cosas por el estilo, pues cuando las veo, me las salto.. A ver si algún día puedo volver a mirarlas con orgullo...

jueves, octubre 20, 2005

El Partido del Siglo (y III)

En el vestuario, el entrenador arengaba a sus jugadores, reclamándoles el máximo sacrificio; no todo estaba perdido, y mayores hazañas se había visto en el mundo del deporte. Saltaron al campo con nuevos bríos, dándose ánimos entre ellos, conjurándose para lograr, como mínimo, el empate. Cuando los jugadores del Atlético los vieron salir, se asustaron más aún de lo que lo estaban, y a Seghiñiño, central brasileño fichado las pasadas Navidades, le atacó un repentino acceso de gastroenteritis que lo tuvo retenido en el servicio más de media hora.
Parecía que todo estaba dando sus frutos; a los quince minutos, los locales habían conseguido marcar tres goles como tres soles, y el resultado estaba tan apretado como los calzoncillos de un novio en el baile de las fiestas de la matanza. Los comentaristas deportivos no daban crédito a lo que estaba sucediendo; sin lugar a dudas, aquel era el partido más extraño y emocionante que habían visto en sus vidas, e intentaban transmitir esas sensaciones a sus oyentes. La grada volvía a botar, a saltar, a gritar; las palmas y los puros echaban humo, y hasta Isabelita pedía a gritos en el hospital que la llevaran otra vez al campo, y que le dieran por culo a los puntos, a la placenta, al cordón umbilical y a toda la familia de la matrona.
Pero claro, no todo iba a quedar así; Jacinto, que casi no tocaba la pelota en la segunda parte porque sus compañeros parecían no tenerle en cuenta, empezó a tocarla de nuevo, pero en el sentido equivocado. Provocó tres penaltis, uno de ellos agarrando la pelota en el centro del área en una espléndida palomita, marcó dos goles en propia puerta y sacó tres debajo de los palos, pero debajo de los palos del Atlético. En fin, cuando el árbitro señaló el final del partido, el marcador reflejaba un vergonzante 4 a 7, y eso que los visitantes fallaron uno de los penaltis aposta, pegando la pelota en el banderín de córner. La tragedia era de dimensiones descomunales: varios aficionados aparecieron ahorcados con la bufanda del Sporting en los servicios del estadio; los jugadores del Atlético corrieron como posesos, y se montaron en el autobús sin siquiera cambiarse; los periodistas desmontaron los equipos, recogieron sus cosas y desaparecieron antes de que la cuestión tomara tintes color sangre.
Nadie se movía de las gradas; un silencio espeso y oscuro, como una taza de chocolate, lo rodeaba todo. Jacinto y sus compañeros se quedaron en el terreno de juego. Algunos lloraban, otros arrancaban trozos de césped a bocados, y el portero se daba cabezazos contra el poste. Nadie supo luego quién comenzó a moverse; sólo se sabe que, en cuestión de segundos, todo el público saltó las vallas y empezó a correr detrás de los jugadores, del entrenador y de los que, estupefactos, permanecían sentados en el banquillo. Todos corrían buscando una salida, menos Jacinto, que seguía sentado en la hierba con una expresión de satisfacción fuera de lugar. Tampoco nadie supo explicar el por qué, pero a los jugadores sólo les dieron unas cuantas patadas en las espinillas, un par de tortas y poco más, pero no pararon hasta arrinconar al entrenador contra el córner; el pobre tenía la cara del color de la cal, y arrodillado pedía por favor que no le hicieran daño, que no tenía culpa de nada, que aquello era sacar las cosas de quicio, por Dios, sólo es fútbol, sólo es...
Alguien, no se sabe quien pero parece que fue Mariquita, la niña de la estanquera, dio el primer paso y le arreó con el bolso en medio de la cara, abriéndole una pequeña brecha en la ceja. A partir de ahí, llovieron los golpes, las patadas, los bocados, los arañazos; desde fuera del tumulto se veían de volar los trozos de chandal, los mechones de pelo, los zapatos. Cuando Jacinto se levantó del suelo para ducharse, si hubiera vuelto la cabeza hacia atrás hubiese visto volar la mano izquierda del entrenador, todavía con el reloj en la muñeca, y las gafas de concha. Cuando se secaba, después de un relajante baño, y se empezaba a vestir, no quedaba rastro del entrenador, excepto un zapato y un par de empastes, que quedaron en un charco de sangre, justo en el córner. Hay quien dice que los perros de la policía no comieron nada aquella noche, y que Manolo, el del tenderete, tiene en su casa un cenicero muy particular, muy grande y redondo, que sólo saca a los más íntimos y en las noches en las que se ha bebido un par de botellas de más.
Al día siguiente, nadie en Cañete de la Frontera levantaba la vista de los cordones de sus zapatos; María del Desamparo se encontró las vajillas, los juegos de cama, las baterías y demás en el contenedor de basura, justo al lado del portal del bloque de apartamentos, y la cerradura de la puerta cambiada. Días más tarde, desapareció del pueblo para no volver; algunos dicen que se fue a casa de unos tíos de Murcia, otros que se metió a monja, pero las malas lenguas cuentan que la han visto en un bar de topless en Alicante, frecuentado por muchos futbolistas; cosas de la vida.
Jacinto dejó el fútbol, pero vivió como un rey a costa de la experiencia. Montó una empresa que se dedicaba a dar cursos de motivación a empresarios. Nunca más volvió a tocar un balón. Ni le volvieron a tocar las pelotas.